julio 20, 2024

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Salmo 68 – Marcha triunfal del Dios vencedor

Salmo 68 - Marcha triunfal del Dios vencedor | levanta Dios | impíos Dios

Salmo 68
Marcha triunfal del Dios vencedor

Al Director. Salmo de David. Cántico.

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre,
alfombrad el camino del que avanza sobre las nubes;
su nombre es el Señor: alegraos en su presencia.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece;
solo los rebeldes se quedan en la tierra abrasada.

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por el desierto, la tierra tembló,
el cielo destiló ante Dios, el Dios del Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.

Derramaste en tu heredad,
oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios,
preparó para los pobres.

El Señor pronuncia un oráculo,
millares de doncellas pregonan la alegre noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres de la casa reparten el botín.

Mientras reposabais en los apriscos,
las palomas batieron sus alas de plata,
el oro destellaba en sus plumas.
Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el monte Selmón».

Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son escarpadas;
montañas escarpadas, ¿por qué tenéis envidia
del monte escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?

Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de hombres,
para que también los rebeldes
habitasen con el Señor Dios.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.

Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los malvados contumaces.

Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo
y los perros la lamerán con sus lenguas».

Aparece tu cortejo, oh Dios,
el cortejo de mi Dios, de mi Rey, hacia el santuario.
Al frente, marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de arpa;
en medio, las muchachas van tocando panderos.

«En vuestras asambleas, bendecid a Dios,
al Señor, estirpe de Israel».

Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de Neftalí.

Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.

Reprime a la fiera del cañaveral,
al tropel de los toros,
a los novillos de los pueblos.
Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a Dios.

Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor, tocad para Dios.
Que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos;
que lanza su voz, su voz poderosa.

«Reconoced el poder de Dios».
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las nubes.
Desde el santuario, Dios impone reverencia:
es el Dios de Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.

¡Dios sea bendito!

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